martes, 19 de agosto de 2008

FACTORES QUE DAÑAN EL SUELO.

La basura (industrial y doméstica), la materia fecal al aire libre y la tala inmoderada de árboles causan un desequilibrio ecológico del suelo, situación que se puede controlar si las personas cambian su conducta ambiental de manera positiva. Para mucha gente, la basura ya es parte de su panorama habitual, y considera que no puede hacer nada para evitarla. Esto es un grave error. No se debe convivir con ella, ni en las escuelas ni en la calle, pues el aire puede acarrear bacterias que producen enfermedades como el cólera, disentería o tifoidea. Lo mismo ocurre con la heces fecales depositadas en el aire libre, ya que existe la posibilidad de que se contamine el agua y los alimentos, lo que puede causar padecimientos gastrointestinales, amibiasis o cisticercosis.

La producción de alimentos mediante los métodos tradicionales ocasiona serias alteraciones ambientales, como erosión, salinización del suelo, desertificación y muchos otros.
Lograr un cambio en las técnicas de cultivo no es sólo un reto de tipo instrumental o de métodos, sino que significa fundamentalmente un cambio en la manera de ser y de pensar del hombre de nuestro tiempo.
La producción agrícola está íntimamente ligada, dentro de un sistema de economía de libre mercado, a las ganancias que produce. Para que un agricultor se decida a producir por métodos no convencionales debe convencerse por el lado de las ganancias.
El mercado no ofrece protección ambiental, la delimitación de las ganancias que se pueden o se deben obtener, casi nunca se define por el deterioro que puede producir o el cuidado que se puede ofrecer al ambiente
Dar un verdadero valor a la diversidad genética, a la conservación del suelo y de la calidad del agua, deben ser factores básicos que se contemplen en el desarrollo de la política agraria de cualquier país. La urgencia del desarrollo de nuevas estrategias agrarias deberá ir aparejada de nuevas estrategias para conservar el ambiente.
La desertificación de las que alguna vez fueron zonas fértiles está asociada a diversos factores. El pastoreo y sobrepastoreo que se hace en algunas zonas marginales a los grandes desiertos, contribuyen a que estas zonas relativamente estériles se extiendan, con la consecuente modificación del clima, erosión del suelo y disminución de la disponibilidad de agua. En ciertas zonas de África próximas al río Nilo, en Nepal, en la India y en la cordillera de los Andes, en Sudamérica, este proceso está confinando a la pérdida de grandes extensiones.
La salinización es otro de los factores que conducen a la desertificación. Cuando las zonas son regadas con agua que tiene altos contenidos de sales y las tierras tienen un mal drenaje para eliminar los residuos, las sales se acumulan en el suelo y dañan a las plantas. Según algunos estudios, en ciertas zonas el agua puede contener hasta 3.5 toneladas de sal por cada 1 000 metros cúbicos, si los cultivos de regadío pueden ocupar hasta 9 500 m3 de agua al año, el suelo puede estar recibiendo cerca de 33 toneladas de sal en ese mismo lapso. Muchas de las regiones originalmente destinadas a la agricultura van siendo incorporadas a las grandes manchas urbanas que generan las grandes ciudades a su alrededor. El crecimiento de las ciudades modifica el uso de suelo y reduce las superficies cultivables.
La conversión de zonas de cultivo en áreas urbanas supone un mayor gasto de agua y de producción de desechos. El agua utilizada en estas zonas merma la cantidad que puede utilizarse con fines de cultivo.
Otro de los factores que afectan la producción agrícola está relacionado con la disminución, y a veces hasta con la pérdida, de la diversidad genética. La práctica de los monocultivos (sobreexplotación de un solo cultivo) produce serios estragos en este sentido.
El uso de un solo tipo de semilla para la producción, por un lado, expone a las cosechas a ciertos peligros como es la invasión de alguna plaga que ataque y acabe con toda la cosecha. Utilizar una sola variedad por largos lapsos y en amplias zonas de un país puede conducir a la quiebra de un momento a otro. Otro de los efectos de esta práctica está relacionado con la sobreexplotación de ciertos recursos del suelo por una sola práctica, ya que ciertas plantas extraen preferentemente un cierto tipo de sales y pueden llegar a agotarla en la tierra. En ese caso se recurre al uso de fertilizantes, con la consecuente degradación ambiental.
Reducir la agricultura a unos cuantos productos atenta contra la diversidad, muchas especies han desaparecido del planeta por un sobreconsumo de ellas o por que su cultivo ya no se practica. En algunas regiones la hambruna llega a tal grado que la producción agrícola no es suficiente para cubrir las necesidades mínimas, y la semilla que se guarda para volver a sembrar es la estrictamente indispensable.
Con volúmenes tan reducidos para siembra, algún imprevisto puede acabar por completo con una determinada variedad.
La tala de bosques para destinar estos terrenos a la agricultura y al pastoreo, ocasiona problemas relacionados con la modificación del clima, la erosión del suelo, la pérdida de nicho ecológico para muchas especies, la alteración del equilibrio gaseoso y, finalmente, el desajuste de los ciclos biogeoquímicos, aspectos que ya hemos analizado anteriormente.
Un método para ampliar zonas de cultivo, ampliamente difundido, consiste en la quema de amplias zonas de selva y bosque. El uso de pesticidas o plaguicidas y de fertilizantes son elementos adicionales para comprender que no se trata sólo de dar de comer a los 10 mil millones de habitantes que pronto alcanzará nuestro planeta, sino de encontrar las formas para que esto sea viable sin sacrificar el medio natural.
Por otra parte, los beneficios del desarrollo de la tecnología nos permiten conocer mejor los procesos que ocurren en la naturaleza y contar con elementos para ofrecer mejores alternativas, sin embargo, es la misma tecnología la que nos ha permitido tener sistemas más eficaces de captura aumentando nuestro poder como depredadores del medio ambiente.